Acrílico y óleo sobre tela
70 x 100 cm
En Laberinto Onírico, la tensión entre lo absurdo y lo primal se condensa en la figura de un niño que sostiene simultáneamente un oso de peluche —símbolo de apego— y una pistola de juguete —símbolo de confrontación lúdica—. La escena pone en diálogo la inocencia y el conflicto, propias del universo infantil y del imaginario onírico.
El fondo rojo envuelve la composición como un espacio emocional del subconsciente, atravesado por líneas que irrumpen de manera caótica y luego emergen alineadas, reflejando el intento del inconsciente de organizar su propio laberinto interior.
Cada elemento —el gesto, el gorro, la textura cercana al puntillismo— funciona como signo dentro de este tablero onírico, invitando al espectador a proyectar su propio recorrido emocional. La intervención final del fondo, realizada con pincel seco y veladuras sutiles, genera una atmósfera envolvente que concentra la mirada en el núcleo central y permite que las seis líneas de salida emerjan como seis viajes del sueño: Umbral, Ligero, Profundo, Onírico, Retorno y Despertar, representados cromáticamente como flujos emocionales que convergen en una integración final.
Acrílico y óleo sobre tela
70 x 100 cm
En Laberinto Onírico, la tensión entre lo absurdo y lo primal se condensa en la figura de un niño que sostiene simultáneamente un oso de peluche —símbolo de apego— y una pistola de juguete —símbolo de confrontación lúdica—. La escena pone en diálogo la inocencia y el conflicto, propias del universo infantil y del imaginario onírico.
El fondo rojo envuelve la composición como un espacio emocional del subconsciente, atravesado por líneas que irrumpen de manera caótica y luego emergen alineadas, reflejando el intento del inconsciente de organizar su propio laberinto interior.
Cada elemento —el gesto, el gorro, la textura cercana al puntillismo— funciona como signo dentro de este tablero onírico, invitando al espectador a proyectar su propio recorrido emocional. La intervención final del fondo, realizada con pincel seco y veladuras sutiles, genera una atmósfera envolvente que concentra la mirada en el núcleo central y permite que las seis líneas de salida emerjan como seis viajes del sueño: Umbral, Ligero, Profundo, Onírico, Retorno y Despertar, representados cromáticamente como flujos emocionales que convergen en una integración final.