Sueño Profundo

Precio de oferta: US$ 500,00 Precio original: US$ 800,00

Acrílico s/ tela.60 x 90 cm

Una niña sostiene con un hilo rojo a un elefante que flota entre las nubes. En este sueño suspendido, lo inmenso se vuelve liviano, y lo imposible, natural.

El elefante, símbolo de la memoria y la grandeza, se libera de su peso. La niña, vestida de sueños, representa la inocencia que no se asombra ante lo extraordinario. El hilo que los une no es de fuerza, sino de sentido.

En “Sueño profundo”, cada elemento no es solo forma, sino signo: el elefante, la niña, el hilo y el cielo dialogan en una escena suspendida entre la vigilia y el inconsciente.

El elefante, símbolo ancestral de la memoria y del peso del mundo, aparece aquí flotando, desafiando su propia naturaleza. Representa lo imposible cargado de historia, lo denso que sueña con ser liviano. Su ascenso es una paradoja: cuanto más pesa, más se eleva.

La niña, vestida de rosa y en pijama, está aún en el umbral del mundo simbólico: entre el juego y el rito. El color rosa, lejos de ser ingenuo, representa el afecto en su estado más puro, y el pijama, ese traje ritual del tránsito hacia el sueño. Ella sostiene con naturalidad lo que a un adulto le resultaría inverosímil: una criatura imposible atada a un simple hilo rojo.

Ese hilo es la conexión invisible entre mundos. Evoca la leyenda japonesa del hilo del destino, pero aquí, en lugar de unir personas, une realidades: la del sueño y la vigilia, la del deseo y el recuerdo. No tira del elefante: lo guía.

Acrílico s/ tela.60 x 90 cm

Una niña sostiene con un hilo rojo a un elefante que flota entre las nubes. En este sueño suspendido, lo inmenso se vuelve liviano, y lo imposible, natural.

El elefante, símbolo de la memoria y la grandeza, se libera de su peso. La niña, vestida de sueños, representa la inocencia que no se asombra ante lo extraordinario. El hilo que los une no es de fuerza, sino de sentido.

En “Sueño profundo”, cada elemento no es solo forma, sino signo: el elefante, la niña, el hilo y el cielo dialogan en una escena suspendida entre la vigilia y el inconsciente.

El elefante, símbolo ancestral de la memoria y del peso del mundo, aparece aquí flotando, desafiando su propia naturaleza. Representa lo imposible cargado de historia, lo denso que sueña con ser liviano. Su ascenso es una paradoja: cuanto más pesa, más se eleva.

La niña, vestida de rosa y en pijama, está aún en el umbral del mundo simbólico: entre el juego y el rito. El color rosa, lejos de ser ingenuo, representa el afecto en su estado más puro, y el pijama, ese traje ritual del tránsito hacia el sueño. Ella sostiene con naturalidad lo que a un adulto le resultaría inverosímil: una criatura imposible atada a un simple hilo rojo.

Ese hilo es la conexión invisible entre mundos. Evoca la leyenda japonesa del hilo del destino, pero aquí, en lugar de unir personas, une realidades: la del sueño y la vigilia, la del deseo y el recuerdo. No tira del elefante: lo guía.