Acrílico sobre tela – 70 x 90 cm
En el espesor del sueño, lo real se filtra: la mesa de luz, el juguete azul, el osito de peluche. Objetos cotidianos que cruzan la frontera del inconsciente, resignificados. El niño en pijama permanece sereno ante la embestida descomunal de lo que no puede comprender del todo. Extiende su osito, ese talismán de la infancia, símbolo de protección y consuelo, como única respuesta.
Frente a él, el hipopótamo encarna lo que vuelve: el miedo, el caos, la emoción sin nombre. Pero no lo toca. Porque el momento no es de peligro, sino de tránsito. El retorno sucede justo antes del despertar, cuando el sueño alcanza su clímax y se quiebra. Ese es el instante que suele quedar grabado: la imagen que recordamos al abrir los ojos.
La obra captura ese límite preciso entre mundos. Allí donde lo monstruoso se detiene ante lo simple. Donde la memoria, disfrazada de amenaza, solo quería ser reconocida.
Acrílico sobre tela – 70 x 90 cm
En el espesor del sueño, lo real se filtra: la mesa de luz, el juguete azul, el osito de peluche. Objetos cotidianos que cruzan la frontera del inconsciente, resignificados. El niño en pijama permanece sereno ante la embestida descomunal de lo que no puede comprender del todo. Extiende su osito, ese talismán de la infancia, símbolo de protección y consuelo, como única respuesta.
Frente a él, el hipopótamo encarna lo que vuelve: el miedo, el caos, la emoción sin nombre. Pero no lo toca. Porque el momento no es de peligro, sino de tránsito. El retorno sucede justo antes del despertar, cuando el sueño alcanza su clímax y se quiebra. Ese es el instante que suele quedar grabado: la imagen que recordamos al abrir los ojos.
La obra captura ese límite preciso entre mundos. Allí donde lo monstruoso se detiene ante lo simple. Donde la memoria, disfrazada de amenaza, solo quería ser reconocida.